Martín Fadol is creating Writings
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patron
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per creation
Hace más de seis años que escribo y vendo mis libros en las calles.
Debería tener un reconocimiento por eso?
Tengo muchos, a lo largo de este grandísimo país donde nací y también en Uruguay, la patria de mis padres. El 5 de abril de 1981 vine al mundo, después de 5 años de que ambas familias paternas fueran exiliadas por el golpe de estado que ejecutó y desapareció a tantas personas en Sudamérica. Con esa breve referencia de mi pasado voy a describir lo que hago y lo que ofrezco.
Lo que ofrezco es lo mismo para todos, no importa si su apoyo es de 1 o 100 dólares, no puedo dar 1000 libros a cambio de 1000 dólares, pero les voy a deber moralmente hacer posible con un post, con un dólar o con 100, levantarme cada día y sabiendo que están ahí esperando leer uno de mis cuentos, ensayos y poemas.
Hace seis años que vendo mis publicaciones en calles, restaurantes,, bares, universidades, cafés y todo lugar público con suficiente tránsito de gente. En ese tiempo no he dejado de escribir, más la producción de libros se convirtió en una actividad muy demandante para sincronizarla con las demás, entre ellas la vital, salir a vender.
Actualmente tengo seis volúmenes de Indiloka, una publicación de cuentos ensayos y poesía y estoy al acecho de la próxima oportunidad para publicar los volúmenes 7 y 8, una tarea que también me exige crear dos portadas y el trabajo de diseño editorial para poderlos imprimir.
Lo grato es que me dediqué a realizar por adelantado un trabajo editorial que reúne todos los volúmenes hasta el momento impresos en un solo libro, dividido en secciones de cuento, ensayo y poesía.
Y en este intercambio que vamos a sostener durante mucho tiempo, les ofrezco a todos los patrons que colaboren con más de 50 dólares, una edición del libro Indiloka en pdf y a aquellos que aporten más de 150 dólares, el envío de un libro por correo postal autografiado y dedicado.
Todos tendrán mis obras, la diferencia es el formato de las antologías. Indiloka son seis antologías.
A quien me poye con 250 dólares o más estaré enviándole mis nuevos volúmenes, 7 y 8, además del libro que ya mencioné. Como dije al inicio, ofrezco lo mismo a todos pero en diferentes presentaciones.
Indiloka surge como producto de mi necesidad artística, de mi búsqueda y desarrollo personal, de la inmadurez que George Bataille dice que caracteriza a todo artista, a todo escritor, que se resiste a adaptarse al mundo en el que nos manda vivir el canon social, el diseño socioeconómico, la rutina productiva mercantilista que se adueña de nuestras horas, de nuestras mentes y nuestro cuerpo.
Con esta misma confianza que expongo mis obras para que se lean a través de Patreon en busca de una audiencia más grande y en una lengua extranjera para mí, un día a finales del 2010 decidí incursionar en el que hacer editorial e hice un volumen con cuentos, ensayos y poemas que no pude ofrecer a mi primera lectora sino hasta febrero de 2011. El efecto inmediato fueron ventas que me dieron sustento económico y alimento moral para producir en abril de 2011 el segundo volumen.
Acababa de regresar al D.F. de un largo viaje por más de un año por diferentes partes del país; ese sería mi primer año de viaje, no lo sabía, el viaje continúa. La ciudad anterior a la capital fue Guadalajara, ahí residí dos meses, poco más, poco menos, en un ashram en la colonia Americana, en esa muy cálida y bien organizada ciudad de México. Sin duda ese pensamiento que vino a mí en el autobús que me llevaba hacia Puerto Vallarta, después de haber conocido Chapala fue una decisión que no voy a olvidar,. En ese momento decidí bajar del camión y regresar a Guadalajara, caminar desde el centro de la ciudad y preguntando, me hice llegar al templo Krshna que dos noches o tres antes una chica a la que le ofrecí mis aretes me dijo que podría servirme de momento. Esa noche no acudí al templo, no lo creí moralmente correcto, pedir asilo en un templo, no era un hotel, y pasé la noche en la calle, dormí fuera de un Oxxo, como en muchas otras ciudades, muchas otras noches, cuando sólo estaba de paso, con poco dinero y no quería gastar en un hotel, sólo en comida. Recordaba exactamente el lugar en que había ocurrido el encuentro y las indicaciones no fueron de ninguna dificultad porque ella, una española quizás de mi edad 28 o 29 años, me indicó con el brazo estirado hacia su costado derecho, sigues todo derecho por esta (Pedro Moreno) hasta Av. Las Américas, el ashram justo estaba en la esquina. Finalmente llegué, pedí asilo, aseguré cumplir con las cinco normas para integrarme a la vida en el ashram y colaborar con los hábitos de mantenimiento del lugar.
Después de haber estado dentro, de haber probado deliciosa prasadam y de conocer el principal, no el único libro de tantos Vedas (libros de conocimiento), el Bhagavad Gita, pensé como siempre, que la relaciones humanas son igualmente dentro o fuera de un templo una iglesia, buenas y malas, la gente tiene las mismas necesidades y defectos como para robar, así que decidí continuar viaje. Mi parada siguiente fue México, Distrito Federal. Ahí, con un amiga uruguaya quien me dio techo durante un par de semanas, intenté tramitar mi pasaporte, quería viajar hacia Brasil por tierra, el trámite fue en pocas palabras una patada en los huevos cada día durante 4 semanas de idas y vueltas a la SRE. Lo que sucedió después de la segunda semana, fue que necesité un segundo techo, asilo. Esta vez Víctor me tendió la mano. Tramité el pasaporte a las dos semanas de estar con él y cuando intenté partir me aseguró que podría quedarme el tiempo que quisiera e incluso me animó a comenzar a hacer un cortometraje con él. Este cortometraje jamás lo terminamos, pero el inicio fue la continuación de una amistad y una excusa perfecta para permanecer con él como invitado. O algo así. Pasó el tiempo y yo me veía enfrascado en mi trabajo como artesano. Esto ya venía desde antes de terminar la universidad, 4 años antes de esto. Y como no encontraba la manera de hacerme un lugar en mi tiempo para rodearme y crear y entonces vivir como cineasta, en la desesperación de tener material guardado que iba y venía conmigo a lo largo de mis diferentes viajes, después de haber perdido todo en un robo a mi departamento, estos materiales de los que hablo los pude conservar gracias a que suelo escribir a mano y después en la computadora. Esta desesperación me hizo tomar un ejemplo que jamás he confesado: los Hare Krsna además de inciensos y comida dentro del templo, venden libros para sobrevivir y para mantener el ashram, de manera inconsciente, inconsciente por mucho tiempo, no hoy, decidí hacer mi propio libro y salir a venderlo a la calle, obviamente no hablaría de religión, ni de mi propia religión, es decir, la religión, qué. Entonces me apoderé de la computadora de Víctor en cada momento que él no se encontraba en su casa, con su permiso, y comencé a transcribir mis textos. Al cabo de un mes ya había comenzado a utilizar un programa para editar libros, y al mes y fracción ya tenía hasta la portada y 4 ejemplares que imprimí en una papelería. Me encontraba en octubre o noviembre de 2010. Continuaba escribiendo, continuaba releyendo el Bhagavad Gita, continuaba haciendo aretes y collares. En aquel entonces ya había comenzado también a hacer aretes con tapas de cerveza, fue un hit, diferente de todo lo que se veía en las calles, el alambre ofrece variantes limitadas, aunque yo martillaba la alpaca muy bien. Muchas chicas me pedían un par atrás de otro y me encargaban sus marcas favoritas, las clientas no faltaban, eran baratos, fuera de lo común y a mí no me costaban nada. Lo mejor era que como soy especialista con el martillo, al martillar las tapas de cerveza quedaban planas como fichas, entonces la sorpresa cuando las ofrecía era del 200 por ciento. Todo esto seguía, yo continuaba, continuaba haciendo todo lo que quería dejar pero que cada vez se ponía más, debería decir, como obstáculo sobre el camino que realmente quería recorrer. La decisión de culminar algo aunque no fuera la venta de un libro a una editorial o de un guión a través de un concurso, me llevó a crear este primer volumen. Pero ¿cómo lo titularía? Eran varios cuentos, varios poemas, varios ensayos. Algunos de mis guiones los hice cuento, o relatos, o textos literarios que se parecen al cuento y que quizás no lo sean, tal vez viñetas y mucha prosa. ¿Cómo llamar a estas antologías? Algo que había aprendido de estar en el templo fueron algunas palabras en sánscrito, no recuerdo ahora muchas, algunos dioses, el significado de sus nombres, y sobre todo, el nombre de algunos planetas, porque en la cosmovisión hindú, los dioses tienen un planeta cada uno, como por ejemplo Krshnaloka, que quiere decir el Planeta de Krshna, esa composición lingüísticamente hablando y otras similares, como Goloka, el Planeta de las Vacas (las vacas son un ser sagrado) cuando se entiende, tiene un efecto lúdico del idioma, de la lengua, del lenguaje, muy minúsculo, pero suficiente para mis necesidad en ese momento. Loka es planeta en sánscrito y yo era un completo desamparado, que vivía en una casa de campaña o en un templo o en la calle hacía dos años, o en la casa de Víctor, donde estuve por cuatro meses. Por eso mismo y por una experiencia un poco reveladora, en la que leyendo a Eric From, después de haber adoptado el pseudónimo de El indi, por aquello de que la tía de un amigo traicionero le dijera “te busca tu amigo el indigente”, o sea, yo, quedé impresionado por que en El arte de amar, From describe al ser humano como un indigente afectivo dada nuestra imposibilidad y necesidad permanente de dar y recibir amor, por nuestro sentimiento de estar siempre desconectados, divididos, solos e incompletos en el universo. Ante ambas circunstancias experimenté muy diferentes emociones racionalmente y sensiblemente hablando. Pero en ese entonces, en el 2010, después de lo que la tía de mi amigo traicionero dijo y antes de leer a Eric From, El indi, ya era mi pseudónimo e Indiloka se ajustaba perfectamente para titular mi antología; El planeta del indi.
Diferentes actividades y factores alternados a lo largo del tiempo hasta el día de hoy, me dejan con una experiencia amplia entorno a la labor editorial como escritor, como productor y diseñador y también como vendedor. Quiero compartirla con ustedes. La más retribuyente es la de saber lo que mis lectores piensan, gustan y agradecen por mi trabajo. Ese es el principal resultado que agradezco y que perdura, las monedas, para lo que son, van y vienen, de la venta y de otros trabajos temporales, pero la seguridad me la devuelven los segundos encuentros, la devolución humana, me hace permanecer y continuar haciendo esto, expresar, contar y reflexionar lo que es humano, lo que es de todos.
Tiers
Elige qué leer
$1 or more per creation 1 patron
  • Elige del índice 1 cuento o un poema. Lo envío por email en formato PDF. 
Puedes visitar http://yoelindi.wixsite.com/indiloka para conocer más sobre mis contenidos.

Elige qué leer
$5 or more per creation 0 patrons
  • Elige del índice 5 títulos entre cuentos y poemas. Los envío por email en formato PDF.
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Indiloka en tú email
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  • Te envío en PDF todos los volúmenes de Indiloka. Volumen 1 y 2, Vol. 3, Vol. 4, Vol. 5 y Vol. 6. Son seis volúmenes en cinco libros. 
Puedes visitar http://yoelindi.wixsite.com/indiloka para conocer más sobre mis contenidos.
Indiloka en papel
$20 or more per creation 0 patrons
  • Indiloka en su forma actual (mayo de 2017) llegará a la puerta de tu casa. La forma de envío dependerá de tu ubicación. No tengo idea si esto es barato o caro pero me parece posible. 
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Indiloka en papel
$50 or more per creation 0 patrons
  • Indiloka llegará a la puerta de tu casa con una dedicatoria escrita a mano en cada uno de los volúmenes. La portada de estos ejemplares será una edición especial en papel cuché. 
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Indiloka en papel y en pdf
$100 or more per creation 0 patrons
  • Indiloka llegará a la puerta de tu casa. Te enviaré la edición especial e inédita de un libro con el contenido de todos los volúmenes, dedicado para ti con mi firma.
  • Además recibirás por email la primera edición de los volúmenes 7 y 8, cuando los termine. Estoy en el proceso de escritura del vol. 8. 
Puedes visitar http://yoelindi.wixsite.com/indiloka para conocer más sobre mis contenidos.
Goals
$1 of $500 per creation
Voy a escribir un cuento por mes de al menos 30 páginas. Los voy a subir a Patreon y cuando reúna 5, editaré un libro con el título de Indiloka por la galaxia Patreon. 
Este libro va a ser para aquellos patrons que me apoyen 150 dólares o más, además del libro Indiloka dedicado.
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Hace más de seis años que escribo y vendo mis libros en las calles.
Debería tener un reconocimiento por eso?
Tengo muchos, a lo largo de este grandísimo país donde nací y también en Uruguay, la patria de mis padres. El 5 de abril de 1981 vine al mundo, después de 5 años de que ambas familias paternas fueran exiliadas por el golpe de estado que ejecutó y desapareció a tantas personas en Sudamérica. Con esa breve referencia de mi pasado voy a describir lo que hago y lo que ofrezco.
Lo que ofrezco es lo mismo para todos, no importa si su apoyo es de 1 o 100 dólares, no puedo dar 1000 libros a cambio de 1000 dólares, pero les voy a deber moralmente hacer posible con un post, con un dólar o con 100, levantarme cada día y sabiendo que están ahí esperando leer uno de mis cuentos, ensayos y poemas.
Hace seis años que vendo mis publicaciones en calles, restaurantes,, bares, universidades, cafés y todo lugar público con suficiente tránsito de gente. En ese tiempo no he dejado de escribir, más la producción de libros se convirtió en una actividad muy demandante para sincronizarla con las demás, entre ellas la vital, salir a vender.
Actualmente tengo seis volúmenes de Indiloka, una publicación de cuentos ensayos y poesía y estoy al acecho de la próxima oportunidad para publicar los volúmenes 7 y 8, una tarea que también me exige crear dos portadas y el trabajo de diseño editorial para poderlos imprimir.
Lo grato es que me dediqué a realizar por adelantado un trabajo editorial que reúne todos los volúmenes hasta el momento impresos en un solo libro, dividido en secciones de cuento, ensayo y poesía.
Y en este intercambio que vamos a sostener durante mucho tiempo, les ofrezco a todos los patrons que colaboren con más de 50 dólares, una edición del libro Indiloka en pdf y a aquellos que aporten más de 150 dólares, el envío de un libro por correo postal autografiado y dedicado.
Todos tendrán mis obras, la diferencia es el formato de las antologías. Indiloka son seis antologías.
A quien me poye con 250 dólares o más estaré enviándole mis nuevos volúmenes, 7 y 8, además del libro que ya mencioné. Como dije al inicio, ofrezco lo mismo a todos pero en diferentes presentaciones.
Indiloka surge como producto de mi necesidad artística, de mi búsqueda y desarrollo personal, de la inmadurez que George Bataille dice que caracteriza a todo artista, a todo escritor, que se resiste a adaptarse al mundo en el que nos manda vivir el canon social, el diseño socioeconómico, la rutina productiva mercantilista que se adueña de nuestras horas, de nuestras mentes y nuestro cuerpo.
Con esta misma confianza que expongo mis obras para que se lean a través de Patreon en busca de una audiencia más grande y en una lengua extranjera para mí, un día a finales del 2010 decidí incursionar en el que hacer editorial e hice un volumen con cuentos, ensayos y poemas que no pude ofrecer a mi primera lectora sino hasta febrero de 2011. El efecto inmediato fueron ventas que me dieron sustento económico y alimento moral para producir en abril de 2011 el segundo volumen.
Acababa de regresar al D.F. de un largo viaje por más de un año por diferentes partes del país; ese sería mi primer año de viaje, no lo sabía, el viaje continúa. La ciudad anterior a la capital fue Guadalajara, ahí residí dos meses, poco más, poco menos, en un ashram en la colonia Americana, en esa muy cálida y bien organizada ciudad de México. Sin duda ese pensamiento que vino a mí en el autobús que me llevaba hacia Puerto Vallarta, después de haber conocido Chapala fue una decisión que no voy a olvidar,. En ese momento decidí bajar del camión y regresar a Guadalajara, caminar desde el centro de la ciudad y preguntando, me hice llegar al templo Krshna que dos noches o tres antes una chica a la que le ofrecí mis aretes me dijo que podría servirme de momento. Esa noche no acudí al templo, no lo creí moralmente correcto, pedir asilo en un templo, no era un hotel, y pasé la noche en la calle, dormí fuera de un Oxxo, como en muchas otras ciudades, muchas otras noches, cuando sólo estaba de paso, con poco dinero y no quería gastar en un hotel, sólo en comida. Recordaba exactamente el lugar en que había ocurrido el encuentro y las indicaciones no fueron de ninguna dificultad porque ella, una española quizás de mi edad 28 o 29 años, me indicó con el brazo estirado hacia su costado derecho, sigues todo derecho por esta (Pedro Moreno) hasta Av. Las Américas, el ashram justo estaba en la esquina. Finalmente llegué, pedí asilo, aseguré cumplir con las cinco normas para integrarme a la vida en el ashram y colaborar con los hábitos de mantenimiento del lugar.
Después de haber estado dentro, de haber probado deliciosa prasadam y de conocer el principal, no el único libro de tantos Vedas (libros de conocimiento), el Bhagavad Gita, pensé como siempre, que la relaciones humanas son igualmente dentro o fuera de un templo una iglesia, buenas y malas, la gente tiene las mismas necesidades y defectos como para robar, así que decidí continuar viaje. Mi parada siguiente fue México, Distrito Federal. Ahí, con un amiga uruguaya quien me dio techo durante un par de semanas, intenté tramitar mi pasaporte, quería viajar hacia Brasil por tierra, el trámite fue en pocas palabras una patada en los huevos cada día durante 4 semanas de idas y vueltas a la SRE. Lo que sucedió después de la segunda semana, fue que necesité un segundo techo, asilo. Esta vez Víctor me tendió la mano. Tramité el pasaporte a las dos semanas de estar con él y cuando intenté partir me aseguró que podría quedarme el tiempo que quisiera e incluso me animó a comenzar a hacer un cortometraje con él. Este cortometraje jamás lo terminamos, pero el inicio fue la continuación de una amistad y una excusa perfecta para permanecer con él como invitado. O algo así. Pasó el tiempo y yo me veía enfrascado en mi trabajo como artesano. Esto ya venía desde antes de terminar la universidad, 4 años antes de esto. Y como no encontraba la manera de hacerme un lugar en mi tiempo para rodearme y crear y entonces vivir como cineasta, en la desesperación de tener material guardado que iba y venía conmigo a lo largo de mis diferentes viajes, después de haber perdido todo en un robo a mi departamento, estos materiales de los que hablo los pude conservar gracias a que suelo escribir a mano y después en la computadora. Esta desesperación me hizo tomar un ejemplo que jamás he confesado: los Hare Krsna además de inciensos y comida dentro del templo, venden libros para sobrevivir y para mantener el ashram, de manera inconsciente, inconsciente por mucho tiempo, no hoy, decidí hacer mi propio libro y salir a venderlo a la calle, obviamente no hablaría de religión, ni de mi propia religión, es decir, la religión, qué. Entonces me apoderé de la computadora de Víctor en cada momento que él no se encontraba en su casa, con su permiso, y comencé a transcribir mis textos. Al cabo de un mes ya había comenzado a utilizar un programa para editar libros, y al mes y fracción ya tenía hasta la portada y 4 ejemplares que imprimí en una papelería. Me encontraba en octubre o noviembre de 2010. Continuaba escribiendo, continuaba releyendo el Bhagavad Gita, continuaba haciendo aretes y collares. En aquel entonces ya había comenzado también a hacer aretes con tapas de cerveza, fue un hit, diferente de todo lo que se veía en las calles, el alambre ofrece variantes limitadas, aunque yo martillaba la alpaca muy bien. Muchas chicas me pedían un par atrás de otro y me encargaban sus marcas favoritas, las clientas no faltaban, eran baratos, fuera de lo común y a mí no me costaban nada. Lo mejor era que como soy especialista con el martillo, al martillar las tapas de cerveza quedaban planas como fichas, entonces la sorpresa cuando las ofrecía era del 200 por ciento. Todo esto seguía, yo continuaba, continuaba haciendo todo lo que quería dejar pero que cada vez se ponía más, debería decir, como obstáculo sobre el camino que realmente quería recorrer. La decisión de culminar algo aunque no fuera la venta de un libro a una editorial o de un guión a través de un concurso, me llevó a crear este primer volumen. Pero ¿cómo lo titularía? Eran varios cuentos, varios poemas, varios ensayos. Algunos de mis guiones los hice cuento, o relatos, o textos literarios que se parecen al cuento y que quizás no lo sean, tal vez viñetas y mucha prosa. ¿Cómo llamar a estas antologías? Algo que había aprendido de estar en el templo fueron algunas palabras en sánscrito, no recuerdo ahora muchas, algunos dioses, el significado de sus nombres, y sobre todo, el nombre de algunos planetas, porque en la cosmovisión hindú, los dioses tienen un planeta cada uno, como por ejemplo Krshnaloka, que quiere decir el Planeta de Krshna, esa composición lingüísticamente hablando y otras similares, como Goloka, el Planeta de las Vacas (las vacas son un ser sagrado) cuando se entiende, tiene un efecto lúdico del idioma, de la lengua, del lenguaje, muy minúsculo, pero suficiente para mis necesidad en ese momento. Loka es planeta en sánscrito y yo era un completo desamparado, que vivía en una casa de campaña o en un templo o en la calle hacía dos años, o en la casa de Víctor, donde estuve por cuatro meses. Por eso mismo y por una experiencia un poco reveladora, en la que leyendo a Eric From, después de haber adoptado el pseudónimo de El indi, por aquello de que la tía de un amigo traicionero le dijera “te busca tu amigo el indigente”, o sea, yo, quedé impresionado por que en El arte de amar, From describe al ser humano como un indigente afectivo dada nuestra imposibilidad y necesidad permanente de dar y recibir amor, por nuestro sentimiento de estar siempre desconectados, divididos, solos e incompletos en el universo. Ante ambas circunstancias experimenté muy diferentes emociones racionalmente y sensiblemente hablando. Pero en ese entonces, en el 2010, después de lo que la tía de mi amigo traicionero dijo y antes de leer a Eric From, El indi, ya era mi pseudónimo e Indiloka se ajustaba perfectamente para titular mi antología; El planeta del indi.
Diferentes actividades y factores alternados a lo largo del tiempo hasta el día de hoy, me dejan con una experiencia amplia entorno a la labor editorial como escritor, como productor y diseñador y también como vendedor. Quiero compartirla con ustedes. La más retribuyente es la de saber lo que mis lectores piensan, gustan y agradecen por mi trabajo. Ese es el principal resultado que agradezco y que perdura, las monedas, para lo que son, van y vienen, de la venta y de otros trabajos temporales, pero la seguridad me la devuelven los segundos encuentros, la devolución humana, me hace permanecer y continuar haciendo esto, expresar, contar y reflexionar lo que es humano, lo que es de todos.

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