16.- Fatiga mágica
 
  

Tanto Glitto como yo estábamos agotadísimos, como les había mencionado anteriormente; los hechizos de fuego pueden llegar a devorar todo tu maná. Nos tendimos sobre una roca a descansar y a respirar un poco de tranquilidad, el sonido del río no muy lejos nos indicaba que estábamos bien encaminados. Solo tendríamos que seguir el curso del agua y bajar por el húmedo sendero bajo la cascada. - Eso estuvo intenso - remarcó Glitto - por suerte traigo un par de éstas - dijo el gnomo sacando de su cartera dos pequeños viales de maná concentrado.

Los destapamos y bebimos lentamente para aprovechar cada mililitro y también evitar derrames. Las pociones de maná antiguamente no tenían un gusto muy agradable, eran más bien amargas y picantes, es gracias a los avances de la alquimia que se logró el cambio de sabor por uno más refrescante y al menos bebible.

- Gracias Glitto - le dije - No te fijes, solo preocúpate de descansar un poco. No es algo fácil sobrevivir en el valle.

Nos sentamos un largo rato y cuando estábamos en condiciones, retomamos el rumbo hacia el valle. Aún nos faltaba todo el descenso, pero al menos ya no teníamos la presión de la persecución. O eso pensamos...

- Tenemos que apurar el paso Emerato - sugirió un tanto preocupado el gnomo - ¿Ocurre algo Glitto? - le pregunté - Nos ha seguido uno de ellos - me dijo preocupado.

Nos hicimos los desentendidos un rato hasta que no pudimos evitarlo más, nos había encontrado.

-¡Glitto, detente inmediatamente! - gritó una voz profunda y poderosa desde una zona más alta que la nuestra - ¡Deben deponer las armas y también cualquier hechizo! - exclamó - Mierda, es el Guardián Arcano de Los Páramos, Phyrall; ese enano ha llegado hasta aquí... - se lamentó el pequeño hechicero. - ¿Es eso algo muy malo? - pregunté preocupado - Es un enano, no descansará hasta llevarnos con él ¡Es muy terco! De un gran brinco el Guardián Arcano Phyrall se elevó por los aires y cayó suavemente frente a nosotros usando un hechizo de vientos, el polvo a sus pies se hacía a un lado. - Soy el Huracán de Los Páramos, el Cuchillo Silencioso, El Susurro Mortal; no se resistan, las catacumbas esperan por ustedes, Mirli querrá verlos personalmente. - No nos dejaremos atrapar sin pelear - Dijo Glitto - Quizás no deberías Glitto - le dije tras observar que jadeaba a ratos y que no estaba bien recuperado

El gnomo, ignorando mis palabras, dio un paso al frente y preparó un hechizo de fuego de su mano; pero el cansancio acumulado le pasó la cuenta. La flama concentrada explotó frente a él, lanzándolo en mi dirección.

Apenas alcancé a reaccionar y pude atraparlo en el aire, el pequeño hechicero estaba malherido e inconsciente por la onda de choque.

- ¡Glitto reacciona! - le daba golpecitos en la cara pero era inútil - Entrégate de una vez oráculo, no tiene sentido que sigas escapando de la ley - me decía Phyrall mientras caminaba en mi dirección

La presión era mucha, pero no me iba a entregar tan fácil, mi sangre hervía debido al miedo de regresar como prisionero de ese gnomo malvado. La forma original se apoderó de mi cuerpo humano dando paso a un escamoso y duro Emerato. - Ahora si lo he visto todo, un Theodian en su forma original ¡Qué Estönikus me perdone por capturar a uno de sus hijos! Pero la ley no exime a nadie - Dijo solemnemente el enano. - ¡Déjanos ir! - le supliqué - Me temo que no, además me pidieron que los llevara con vida, bastará con que les corte las piernas para que no se me vuelvan a escapar.

Los ojos del Guardián Arcano brillaban con un fulgor impresionante, la piedad no estaba entre las cosas que podía ver en ellos. Cargando contra nosotros se detuvo de súbito y con sus brazos lanzó una ráfaga de viento cortante apuntando a nuestras piernas.

En un acto reflejo, usé un hechizo simple de barrera, pero el poder de Phyrall era avasallador. El viento se filtraba rápidamente por la barrera, emitía un silbido que era molesto a los oídos. De un momento a otro, el viento afilado terminó atravesando el escudo y cortándome superficialmente una pierna. - ¡AAAARGGHHH! - un aullido seco al cielo salió de mi boca. - No sigas luchando Emerato, el siguiente corte será en serio - amenazó el impasible enano

Caminaba hacia mi, mirándome fijamente, de su bolsillo sacó unas cadenas antimagia para aprisionarme, yo no podía moverme del dolor. Es bien sabido que el impacto del viento mágico produce cortes limpios y profundos, luego del golpe, tenía una rara sensación, como si una molesta vibración recorriera todos mis huesos, además me zumbaban un poco los oídos. 

Como pude logré pararme, tomé a Glitto que seguía inconsciente y eso bastó para despertar la ira del Phyrall. 

- ¡Odio la insubordinación! - gritó el enano enajenado. Su reacción, más bien exagerada; solo logró alterarme más, pero estaba determinado a escapar. Con Glitto en brazos y tratando de suprimir mi dolor, cojeaba lo más rápido que podía dándole la espalda a mi adversario.

La rabia en Phyrall era tal, que dejando de lado todo protocolo de acción decidió atacarme por la espalda. Un viento arremolinado de trayectoria imprecisa impactó contra nosotros, causando algunas heridas superficiales y lanzándonos varios metros más allá, ladera abajo.

Por suerte caímos en uno de los ríos que bajaban por la montaña, el agua estaba fría y nos arrastraba rápidamente, Phyrall nos perseguía por la ladera del río, pero íbamos más rápido. La cascada y su rugido amenazante palpaba nuestras vidas, intenté nadar hacia una orilla, pero era un esfuerzo en vano.

Por un momento y tras ver a Phyrall gritándome toda clase de improperios y lo que nos haría en cuanto nos atrapara, pensé que no sería tan malo caer por la cascada. Los rápidos nos sumergían a ratos, hasta que llegamos al borde. Lo último que alcancé a ver antes de la caída, fue al enano con las manos en la cabeza denotando su frustración. Con el poco de maná que me quedaba, intenté reducir la velocidad pero fue en vano, la fatiga me consumía y me golpeé con las rocas, naturalmente me desmayé. Pasaron varias horas, era de noche y estaba todo oscuro, salvo por una pequeña luz mágica. Era Glitto quién la emitía.

- No podemos prender fuego hasta que Phyrall deje de buscarnos, aunque dudo que pueda hallarnos aquí, estamos lejos de su mirada... - dijo el gnomo malherido antes de que yo pudiera decir cualquier cosa. - Glitto... me alegra verte bien... argh.... mi pierna duele mucho - me quejaba

Tenía una especie de gasa y hojas cubriendo la herida, sentía una sustancia cremosa bajo las vendas, seguramente algún preparado antibiótico y antinflamatorio, la cortada era fea por lo que recuerdo. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo hasta la cabeza y nuevamente me desmayé. 

(o) Emerato, Oráculo de Delgor (o)