Mi mirada racializa: más sobre sammā diṭṭhi

Ayer publiqué un artículo sobre meditar en la playa. El último punto iba sobre lecturas amenas y a la vez educativas, profundas. Recomendé el libro que me he leído estos días: "Arroz tres delicias (Sexo, raza y género)" de Chenta Tsai, a.k.a. Putochinomaricón. También he estado picando de "White Fragility: Why It's So Hard for White People to Talk About Racism" de Robin DiAngelo. Y aquí quería reflexionar un poco sobre esto, en conexión con el anterior artículo que defendía que indagar en este tema es un ejemplo de practicar la visión correcta (sammā diṭṭhi), que encabeza el camino óctuple.

Un comentario bastante típico de personas blancas que se identifican como progresistas y tolerantes es "yo no veo el color", que ha alcanzado el estatus de "tengo un amigo gay" y similares. Es interesante investigar esto desde ideas budistas del camino y la meta, ya que ha imperado mucho un discurso de que no existe diferencia entre ambos que, a mi modo de ver, tiene consecuencias bastante nefastas —que traté aquí y más recientemente aquí.

En el primero de estos artículos que acabo de linkar, traduzco un sutra que dice, básicamente, que por mucho deseo que tengas de cosecha, no puedes tirar de las zanahorias. En el segundo, pongo de manifiesto que en un entorno de condicionamiento agresivo (se nos bombardea desde la infancia con ideas y objetivos) la perspectiva de no tener metas ni conceptos, en lugar de liberarnos, muchas veces nos permitirá seguir con esos condicionantes sutiles, que no vemos, ya que nada los desafía o contrarresta. 

El 'no hay meta' o 'esto ya es perfecto' ofrece cero resistencia al estado presente de las cosas. Es ciertamente muy cómodo. Además, ya argumenté que esta doctrina se invalida a sí misma, porque si realmente todo es perfecto y no hay nada a cambiar, tal doctrina es innecesaria. Alguien podría refutar: el problema es que la gente no se da cuenta de que todo es perfecto. Pero esto señala a algo imperfecto que necesita ser cambiado, y por lo tanto contradice la doctrina misma.

Volviendo al tema: la eliminación de un terreno entre donde estoy y adonde quiero llegar es una receta para el autoengaño y la comodidad espiritual.

Hay que distinguir si lo de “no ver el color” es (1) una aspiración noble o si es (2) una negativa a tratar un tema delicado que nos incomoda. Dado que todos nos socializamos (anattā) en entornos concretos, con ideas concretas y contingentes, y dado que estadísticamente es improbable que estemos iluminados—con perdón... pero bueno, si lo estás tampoco irás a ofenderte—nuestro "no ver el color" será o bien el 1 de arriba o bien el 2. No nos engañemos en cuanto a una tercera opción.

La mirada liberada de todo prejuicio, la mirada absolutamente imparcial y ecuánime, es el resultado de un entrenamiento deliberado y extendido en el tiempo. Y específico del tema. En ese sentido es (como) la práctica. Si no ha habido ese entrenamiento deliberado, es más probable que esto no sea vipassanā (visión clara) sino “bypassana”. 

Mis buenas intenciones de ver a todo el mundo igual no son suficientes para que esto se haga realidad, de la misma forma que aspirar al despertar no me despierta directamente. Lo que sí pueden hacer esas intenciones es impelerme a leer un libro a pesar de que sienta cierta resistencia. Sé que me va a desafiar, que me hará sentir incómodo, y esto no es muy atractivo. El 'a pesar' de dos frases atrás es importante. Es un ejemplo de aplicar las cuatro tareas ennoblecedoras: acojo el dukkha (incomodidad) que me genera algo, suelto la reactividad (resistencia, evasión) que surge en conexión, y entonces actúo desde un lugar no reactivo. Quizás la reactividad siga ahí, pero no me dejo condicionar por ella. 

Al leer a Chenta Tsai o ‘White Fragility’, me hago dolorosamente más consciente de cómo racializo con mi mirada. La crisálida vive momentos de forcejeo nada cómodos; pero el premio es una mariposa. Si en la práctica busco sólo confort, jamás veré como central nada de esto. Pero ¿a qué aspiro? ¿Qué espero? 

Para mí esto es lo que en inglés llaman una cuestión 'developmental'. El confort (sukha) tiene un papel crucial en el camino hacia el nirvana, y gran parte de mi investigación doctoral trata de reinstaurar su importancia en el budismo de los orígenes—en contraste con la sequedad theravada. Pero no lo es todo. 

Paradójicamente, una de las funciones del confort es hacer que estemos más dispuestos a ser incomodados. Primero debemos encontrar cierto bienestar en nuestra vida, y entonces, habiendo ensanchado nuestra base, estamos en posición de afrontar desafíos más profundos a nuestra concepción de las cosas sin tanto riesgo de volcar el barco o de salir corriendo. De la misma forma, la meditación nos entrena a estar con la incomodidad sin reaccionar automáticamente, ensancha nuestra ventana de tolerancia del malestar (dukkha) y cultiva la "capacidad negativa" de la que habló Keats.

Dejadme que os comparta algunos subrayados de 'White Fragility' que tocan algunos de estos puntos.

La última cita me devuelve al argumento principal del inicio, porque ésta ha sido mi experiencia cada vez que me he informado de la cuestión racial con voluntad de educarme. He aprendido. Y si he aprendido esto significa que mis buenas intenciones no habían bastado. Pero tengo que tener el espacio, capacidad y estabilidad para enfrentarme a esto. Es en este sentido que creo que el confort tiene un papel como peldaño. Si me lo salto no estaré receptivo, y si lo concibo como fin último desaprovecharé su fertilidad.

Lo mismo sucede con el relativismo. Siempre que me sirva para disolver fijaciones y dogmas, para ampliar mis horizontes, será fructífero. Pero si luego me mudo ahí permanentemente por una especie de cobardía moral, de aversión a posicionarme, me quedo en una postura de no desafío parecida a lo de fusionar el camino y la meta. Como argumenta Amod Lele en el maravilloso blog 'Love of All Wisdom', el extremo relativista del "tú tienes tu opinión y yo la mía" en la práctica acaba favoreciendo una ley del más fuerte. Y tristemente, estamos viendo esto en la era de la posverdad.

Bueno, me fui un poco de tema al final pero creo que las ideas principales están claras. Sin embargo, si puedo terminar en una nota relativista, quisiera notar que la doctrina de separar el camino y la meta también tiene sus inconvenientes, y que desde otras perspectivas es útil y recomendable concebir que son lo mismo. Eso sí, no entiendo que esto signifique que mejor nos quedamos tal cual.

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