Análisis: ¿por qué se están negociando los presupuestos en la cárcel?
Oriol Junqueras, el líder de Esquerra, está aún en prisión preventiva. El juez de investigación le ha procesado por rebelión y malversación de fondos públicos por formar parte de una estrategia separatista diseñada para separar a Cataluña del resto de España el año pasado. Culminó con una declaración de independencia el 27 de octubre. Se espera la acusación formal y una fecha para el juicio.

Con él, hay ocho más en prisión preventiva, también a la espera del juicio, por la misma combinación de delitos o, en el caso de los que no formaban parte del gobierno catalán, sólo rebelión, que tiene una condena máxima según el Código Penal de 30 años de cárcel.

Otros siete, incluido Carles Puigdemont, se encuentran en el extranjero: ellos insisten en que son “exiliados”, el Tribunal Supremo los llama “fugitivos”. Otros nueve, hasta sumar 25 en total, están en libertad condicional, procesados por desobediencia o malversación.

En la Audiencia Nacional, el ex-jefe de los Mossos, Josep Lluis Trapero, y otras tres personas más han sido procesados por los delitos menores (comparado con la rebelión) de sedición y organización criminal. La Fiscalía sopesa, sin embargo, aumentar la acusación contra él a rebelión.

En julio, tras establecerse el nuevo gobierno socialista en Madrid, se les trasladó a los nueve reos a cárceles en Cataluña como gesto de buena voluntad.

El Español informó el lunes de que el Sr. Junqueras dispone de despacho propio en el ala psiquiatra de la cárcel de Lledoners, actúa como Presidente de facto de la comunidad autónoma, en ausencia del Sr. Puigdemont y frente a la ineficacia de Quim Torra, el sucesor elegido a dedo, y de que recibe muchos, muchos más visitantes de los que se les permite a los presos comunes.

Uno de esos visitantes el viernes pasado fue el líder de Podemos, Pablo Iglesias, quien juraba antes de entrar, al igual que los ministros cuando se les preguntó, que el viaje a la cárcel no tenía absolutamente nada que ver con asegurarse el apoyo separatista para los presupuestos de 2019. “¿A cambio de qué?”, fue la pregunta obvia.

Mientras el Sr. Iglesias aún estaba dentro, llegó la primera declaración a los teletipos. “ERC no negociará los presupuestos si no hay un movimiento con los presos”, dijo ante las cámaras de televisión en la puerta Joan Tardà, diputado de Esquerra. Un movimiento. ¿Qué podría significar eso?

El líder de Podemos salió y dijo que su partido había entrado en movimiento: "Nosotros nos hemos movido ya y estamos contribuyendo al diálogo y a la distensión. El Gobierno sabe lo que tiene que hacer". Agregó, por si alguien no lo hubiera pillado, que “están presos por hacer política y que deberían estar en libertad”.

Presupuestos o presos era, es, la exigencia, parece, pero el Presidente no puede tener ambos.

El Sr. Iglesias también habló con el Sr. Puigdemont el domingo por teléfono. Describió de nuevo a los separatistas como “exiliados” y “presos políticos”, y dijo que “ningún tema” debe estar prohibido en el diálogo, lo cual significa hablar de la libertad de los presos, un referéndum vinculante y quizás incluso la independencia misma.

Las exigencias separatistas, y ahora de Podemos, son más irrealistas ahora que hace 12 meses.

El Parlamento catalán, en una moción presentada por Podemos hace 10 días, censuró al Rey Felipe y dijo que la monarquía debería abolirse. El gobierno socialista respondió que emprendería algún tipo de medidas legales, aún por concretar, como respuesta.

El gobierno español no puede ordenar así como así la libertad de los presos, aunque parece que hay cierto margen de maniobra en cuanto a lo que podría indicar a la Fiscalía con las acusaciones y, más adelante, después del juicio, se hablará de indultos. El Sr. Sánchez sabe que no puede convocar un referéndum vinculante sobre la independencia de Cataluña tampoco, por las mismas razones que no lo pudo hacer el Sr. Rajoy: la Constitución no lo permite y sería un suicidio político en el resto de España si lo intentara. 2019 está lleno de elecciones.

Así que el ejecutivo socialista está estancado y el Presidente, con solo 84 diputados en el Congreso, pide a los nacionalistas y a Podemos, la misma coalición que le dio la victoria en la moción de censura en mayo, que le solucione el siguiente marrón. No quiere decirlo en voz muy alta, no vaya a ser que la oposición, los medios de comunicación y todos esos votantes se le echen encima por intentar llegar a acuerdos turbios en la cárcel con separatistas, republicanos y neo-marxistas, sólo para sobrevivir unos meses más en Moncloa, a cambio de pisotear el Estado de Derecho y convertir a España en una “nación de naciones”, sea lo que sea eso.

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