Arrugando el alma
 
¿Por cuanto tiempo podemos... fingir?

Fingir que todo está bien... la felicidad te rodea y cada sonrisa es sincera.

Fingir que el paso del tiempo no ha dañado... tu energía sigue intacta, no hay arrugas en el aire.

Fingir  que los silencios eran los correctos... que no callabas por otorgar, tan solo no tenías que decir.


Fingimos por agradar, callando aquello que nos disgusta porque sabemos      inútil la discusión ( o    así   lo creemos).  Disculpamos       los fallos       de quienes      queremos convenciéndonos de que, algún día, ese error ya no estará.


Y, no digo yo que un silencio a tiempo, llegue a ser más productivo que una discusión infructuosa. Tampoco    discutiré         sobre     el cómo   vamos     amoldando     nuestra personalidad a lo largo de los años, quizás ese rasgo que no gusta del otro en verdad se suavice, pero también puede agudizarse.


La  verdad  es  que, entre  tanto   fingimiento, corremos    el   riesgo  de  perdernos    a nosotros mismo. Y cuando reaparecemos, nos damos cuenta que los años en verdad han pasado, y con ellos la energía se ha transformado en seguridad.


Sí, nos reencontramos sin la fuerza de la juventud  pero con el poder de lo aprendido sobre  nosotros  mismos  y  la  vida.  Entonces  necesitamos   actuar   según      nuestra verdad.


Llega el momento   de  afrontar  verdades y   el peso   del reproche, puede ser tal que, nos incita a derrumbar con un simple soplido todo lo construido. 


El  paso  del  tiempo  se  va  marcando  en  cada  arruga  de tu piel, pero... por favor no permitas,  que el simple aceptar por agradar,  provoque arrugas en tu alma.