Buscando a la empresa que vendió las baterías del ARA San Juan: SOS, se ha perdido una compañía
  

El 15 de noviembre de 2017, se perdió contacto con el submarino argentino ARA San Juan. Durante un mes, decenas de buques de al menos doce naciones rastrillaron el fondo del Mar Argentino para dar con la nave y con sus 44 tripulantes. 


Hasta hoy no se tiene certeza respecto de qué fue lo que provocó el naufragio, y tampoco se pudo dar con el sitio donde fueron a parar los restos del buque. Las investigaciones en torno a la tragedia del ARA San Juan han puesto en el foco de la tormenta a la sucursal local de la empresa alemana Ferrostaal Group, la fabricante del submarino y proveedora de repuestos de la nave. 

Es la misma que vendió el servicio de replacado de baterías, que se menciona como una de las posibles causas que podrían haber desatado el naufragio del submarino. Y así como se hace difícil hallar los restos del ARA San Juan, se encuentran en curso maniobras societarias de fusiones y cambios de nombres que podrían sumar a la empresa a la lista de desaparecidos con el naufragio. Ferrostaal Argentina SA, la proveedora de las baterías, estaría desaparecida tras una serie de maniobras societarias complejas que podrían hacer imposible localizarla en el futuro. 


La potencia tecnológico militar argentina

En junio de 2004, comenzaron los trabajos de reparación de “media vida” en el ARA San Juan. Se llama así a un programa de modernización que se realiza en un buque cuando se encara la segunda parte de su vida útil. En este caso se decidió que no se iba a enviar a los astilleros de en Alemania que es donde se había construido, sino que se lo iba a reparar en el Complejo Industrial y Naval Argentino, el CINAR. 

Los trabajos se terminaron en diciembre de 2014 y el buque fue devuelto al mar para que siguiera operando. 

A poco de ser devuelto a la Armada, se presentó la reparación como un ejemplo de la capacidad tecnológica nacional, pero se omitió la colaboración de empresas como la alemana Ferrostaal Group, que proveyó de materiales y servicios a través de su sucursal local, denominada MAN Ferrostaal de Argentina SA. 

Sucede que, pese a las consignas nacionalistas, la empresa fabricante alemana no estuvo ausente del trabajo que se hizo en CINAR. Se necesitó contratarla para que certificara que los trabajos estaban bien realizados y para proveer de algunos insumos que no se fabrican en el país. 

Uno de los componentes que proveyó MAN Ferrostaal fue el necesario para poner al día las baterías. Pero en lugar de colocar unas nuevas, por alguna razón que todavía sigue siendo un misterio, se decidió hacer un “replacado”, que consiste en sacar los materiales y líquidos corrosivos que se encuentran dentro de cada cuerpo de batería, en lugar de reemplazar por entero las bateas y los elementos internos. En su momento, los ingenieros de Ferrostal en Alemania desaconsejaron el replacado y opinaron que era mejor reemplazarlas a nuevo, pero por alguna razón en CINAR siguieron adelante con su decisión. 


Sugestivamente, CINAR no compró las baterías directamente en Alemania a su fabricante, la empresa Hawker Gmbh, lo cual hubiera eliminado un intermediario, sino que optó por encargarlas a MAN Ferrostaal Argentina SA que tenía la representación de las ventas en nuestro país. La excusa de posibles embargos por la acción de los “fondos buitre” y el expertise que exhibía la empresa alemana, fueron perfectos para justificar que Hawker Gmbh (antes denominada Varta Gmbh) fuera salteada y se entregara el contrato por 5.100.000 euros a Ferrostaal.


La auditoria MD 13776/16 de la Sindicatura General de la Nación, detectó, además de contrataciones directas sin justificación, que en el vínculo con Hawker Gmbh a través de MAN Ferrostaal se había incurrido en diversas irregularidades como la ampliación del plazo de ejecución de las obras del orden de los 1474 días adicionales, algo que nada tenía que ver con la proverbial puntualidad alemana. Cada día de tardanza significó un pago adicional, por lo que la demora ocasionó algunos cientos de miles de euros adicionales pagados con el dinero público argentino. 

Hasta hoy, la mayoría de las pericias y opiniones de especialistas indican que el accidente que podría haber provocado el naufragio del submarino, podría haberse originado en el filtrado de agua salada desde el esnórquel que abastece de aire a la nave cuando está sumergida a poca profundidad. Esa agua, con propiedades físicas que la hacen una conductora de la electricidad de primer orden, podría haber iniciado un arco voltáico que incendió el hidrógeno que despiden las baterías y que podría haberse acumulado en exceso precisamente por fallas en las bateas de las baterías que nunca fueron reemplazadas. Esta explicación es la más plausible y la que genera suspicacias respecto a la decisión de hacer un replacado en lugar, de un mucho menos peligroso, reemplazo de cada batería. 

En el centro de las sospechas por la decisión que podría explicar la desaparición del submarino junto a sus 44 tripulantes, se encuentran los funcionarios a cargo del Ministerio de Defensa (entre los años 2004 y 2014), los que estaban a cargo del astillero CINAR y los empresarios locales que manejaban la sucursal de Ferrostaal Group en Argentina, en donde se firmó el contrato para hacer el trabajo en el ARA San Juan. 


Una empresa muy competitiva. 

El 30 de marzo de 2011, se publicó un artículo en el diario alemán Der Spiegel, en el que se revelaba una compleja trama de sobornos pagados por Ferrostaal Group, cabeza del conglomerado que controlaba Man Ferrostaal Argentina SA. Un ex empleado de ese grupo, reveló ante la fiscalía de Múnich, los nombres y las fechas del pago de sobornos pagados a funcionarios latinoamericanos a cambio de la aprobación de contratos militares. 

Al relatar los pagos hechos en la Argentina, reveló que en 2006 los directivos de Man Ferrostaal Argentina SA habían pagado una coima de 218.750 euros a un funcionario del Ministerio de Defensa argentino y que éste lo había compartido con dos altos oficiales de la marina implicados en la compra de insumos y contratación de servicios de ese conglomerado.

El pago sería la recompensa por un contrato de adquisición de un diseño de cuatro patrulleras oceánicas a favor del consorcio Ferrostaal/Fassmer que iban a fabricarse conjuntamente en los astilleros argentinos Tandanor y en los chilenos Asmar. De acuerdo con el relato del arrepentido, ese era apenas uno de los tantos sobornos que repartió la empresa. 

La revelación dio inicio a una investigación judicial. El juez federal Ariel Lijo procesó a los directivos de MAN Ferrostaal de Argentina SA. En la causa, se consideró que el presidente de la compañía, Gustavo Frers y quien lo sucedió, Cosme Roberto Smiriglia, habrían participado en una maniobra de cohecho junto con el abogado naval Luis Parrinella, quien habría recibido 3,5 millones de Euros en efectivo de ellos para entregarlo luego al entonces Director de Sistemas de Apoyo de la Armada, Juan Carlos Palma y al almirante Gustavo Leprón, que prestaba servicio como Director de Materiales de esa arma. La causa disparó varios pedidos de información y allanamientos en la sede central de la empresa en el edificio de la calle Lima 355 piso 8 oficina D de CABA. 

Los directivos y marinos siguen procesados luego que el juez Lijo recibiera una copia del testimonio del arrepentido desde la fiscalía de Múnich. El grupo MAN no tardó en reaccionar e inició una serie de maniobras societarias que se aceleraron cuando se reportó la desaparición del ARA San Juan.


¿Cómo es tu nombre? 

Al momento de desatarse el escándalo por las coimas navales, el directorio de MAN Ferrostaal Argentina SA estaba conformado, según lo dice el edicto del 29 de agosto de 2008, por Cosme Roberto Smiriglia como presidente, por Fernando Daniel Patrul como vice y Gustavo Pedro María Frers y Osvaldo Daniel Balzano como directores titulares. Patrul y Balzano no fueron alcanzados por las acciones judiciales de Lijo. 

El 15 de diciembre del año siguiente, se decidió un cambio de denominación de la compañía, que pasó a llamarse Ferrostaal Argentina SA. De allí que muchas de las investigaciones en torno a la tragedia del ARA San Juan citen a esa empresa con uno u otro nombre.


En abril de 2017, mientras se confirmaban los procesamientos ordenados por Lijo, MAN Ferrostaal SA dio a conocer una noticia: que se había desprendido de Ferrostaal Argentina SA y que la compañía había sido vendida a su ex presidente, Fernando Patrul y a un empresario de origen alemán llamado Fabián Von Thungen por una cifra de 2,4 millones de dólares.  

Patrul era el ex presidente de MAN Ferrostaal Argentina SA – y su CFO, o director de asuntos financieros, en tiempos de la firma de los contratos navales - y el único de sus altos directivos que no fue salpicado por el caso de las coimas tramitado por Lijo. 

Con el retiro de Ferrostaal Group la documentación de la compañía debiera haber quedado en poder de sus antiguos propietarios alemanes o remitido a su sede central en Europa, por lo que es posible imaginar el resultado de un allanamiento en las oficinas de la empresa traspasada a sus nuevos dueños. 

Para ese momento, Ferrostaal se había convertido en una empresa dedicada a un negocio muy diferente: desde 2001 había comenzado a incursionar en el mercado de las impresiones. Pero desde 2009, se volcó de lleno a las impresiones digitales y para ese momento estaba consolidado como vendedor exclusivo de la línea “Índigo”, las máquinas de impresión industrial de Hewllet Packard. Esa transformación coincidió con las primeras medidas tomadas por el juez Lijo contra su directorio.


Si bien la compañía había mantenido por un tiempo el negocio de repuestos para submarinos, era un secreto a voces que los gobiernos de Néstor y luego de Cristina Kirchner tenían en el gasto militar una de sus últimas prioridades. De manera que la conversión de Ferrostaal tenía un sentido práctico, aunque mientras tanto no se privaron de despuntar el vicio de firmar contratos navales en cuanto se les presentó la oportunidad. 

La conversión se produjo justo en el momento en que la justicia comenzaba a husmear en las cuentas y documentos societarios de la ahora llamada Ferrostaal Argentina SA que de repente ya no era una sucursal del grupo internacional. Y cuando arreció la ofensiva judicial, los agentes de prensa se dedicaron a difundir la noticia que Patrul y Von Thungen eran los nuevos dueños de esa empresa. 

Von Thungen es dueño además de FS Trade & Projects, una empresa con base en la zona franca de Montevideo, en el edificio Biotec del kilometro 17.500 de la ruta 8. La empresa lleva adelante el negocio de venta de impresoras Índigo en ese país y en Paraguay. 

Ferrostal SA en manos de Von Thungen y Patrul mantuvo su domicilio en la calle Lima 355 piso 8 oficina D. Es allí donde llegaron los hombres de Lijo al realizar los allanamientos para detectar documentos referidos a las coimas navales. Deben haber hallado muchos folletos de impresoras, tintas y colores, pero pocos elementos de una empresa que ya no era la que había vendido materiales a la Armada Argentina y no le pertenecía más al consorcio alemán.

Lo curioso de la venta es que, aun hoy, la página de Ferrostaal Group en Alemania todavía presenta como activa su división impresiones en Argentina y el domicilio en la calle Lima, luego de anunciar su venta unos años antes.  Esta desprolijidad pareciera contradecir su propio anuncio y la estrategia de despegarse de la causa judicial en trámite. Otra incoherencia es la falta de inscripción de la denominación social FS Print and Projects ante la Inspección General de Justicia, algo que podría explicarse en el apuro que a veces provoca olvidos. Tampoco están inscriptas ante la IGJ las denominaciones “Ferrostaal Argentina” ni “Man Ferrostaal”.


El 19 de abril de 2018, Ferrostaal dejó de existir como tal. En el edicto que lleva esa fecha, se informa que a partir de la Asamblea del 28 de diciembre de 2017 cambia su denominación social a FS Print and Projects SA. En el acto decidido el Día de los Inocentes, se informó que ya no quedaba rastro de la antigua sucursal de la empresa alemana. Y en el mismo edicto se informa de una ampliación del capital a $.9.709.993 en acciones nominativas no endosables a favor de sus propietarios. 


Este cambio sucedió un mes después de la tragedia del ARA San Juan y en los días en los que una coalición internacional llevaba a cabo una búsqueda desesperada de sus tripulantes. 

El cambio mas reciente fue el 17 de mayo de 2018, cuando se confirmó el directorio de Ferrostaal – curiosamente no se hacía constar el nuevo nombre - con Fabián Von Thungen como presidente y Fernando Daniel Patrul como vice. 

La conversión final de la antigua MAN Ferrostaal Argentina Sa en FS Print and Projects SA se completó en la página de internet de la compañía, que exhibe un diseño y un logo igual al de la otra empresa de Von Thungen, FS Trade and Projects. Todavía invitan al público a conocerlos en su oficina de la calle Lima, en la misma que sigue yendo el expresidente y exCFO de Ferrostaal hace 30 años. 

De este modo, Ferrostaal Group ya no figura como propietaria de la sucursal argentina que se implicó tanto en las coimas por las patrulleras oceánicas como en la reparación del ARA San Juan que podría haber conducido a su naufragio. 

Ferrostaal Group acusó el golpe de las denuncias por corrupción y decidió dar una buena impresión. El cambio societario extinguió sus responsabilidades patrimoniales en la causa penal que sigue su curso y el peso de la culpa caerá sobre sus directivos, uno de ellos ya anciano, que por cuestiones de tramitación judicial son lo único que quedará visible tras la desaparición de la empresa que les sirvió de soporte en los días en que negociaban contratos militares. 

Es posible imaginar la situación en un próximo allanamiento, cuando los oficiales de justicia lleguen a las oficinas de la ex Ferrostaal y sus empleados le contesten “¿submarinos? Nosotros no tenemos nada que ver con ese tipo de asuntos. Si quiere tome uno de los folletos y analice la posibilidad de entrar en el negocio de las impresiones digitales”. 

Habrá que iniciar entonces una nueva búsqueda, tan compleja como la del ARA San Juan, para tratar de hallar los rastros de la empresa que cambió las baterías del submarino y que podría tener una parte de la responsabilidad en su hundimiento y en la desaparición de sus 44 tripulantes. 

Por Ignacio Montes de Oca

Colaboracion en la investigación a cargo de Julieta Monge Molina. 


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