Colapsis (2) Sol de Justicia
 
El  aire caliente distorsionaba la imagen de las cuatro figuras encorvadas  en sus bicicletas. El Sol de Justicia blandía su espada sobre ellos como  si así los nombrase caballeros errantes. Y en verdad era justo y  necesario, y no por gracia divina, sino por cuestiones más banales. 

Justo.

Justo  decir que cada uno de los componentes de la expedición pedaleaba  gustoso por la A-1, no sólo porque la comunidad lo necesitaba, sino  porque la odiosa monotonía en la que se había convertido la vida rural  que llevaban, en su querido y raquítico pueblo, les estaba sentando mal.  Y os preguntaréis; ¿por qué?. Siempre hay diferentes cosas que hacer en  Covarrubias y es indudable que, incluso después de Colapsis, seguía  siendo un bonito pueblo. Pero unos supervivientes como estos cinco que  se dirigían a Aranda de Duero necesitaban emociones más fuertes. Los  primeros años habían sido duros y ellos habían sobrevivido gracias a su  iniciativa, su capacidad de tomar decisiones rápidas y el actuar  enérgicamente ante cualquier situación. Estaban acostumbrados a que la  adrenalina surcase sus venas como bólidos en una carrera clandestina,  incluso sus vidas antes de “El Gran Colapso”, eran un frenesí al ritmo  inquebrantable de las grandes ciudades. Bueno... No tan inquebrantable.

Hace  ya muchos meses de la gran confrontación que habían tenido con un grupo  de renegados y, después de eso, la rutina en la que se había sumido la  vida en el pueblo era como una gran losa sobre sus cabezas. Si, es  verdad que podrían aparecer más de esos salvajes salteadores, pero los  trabajos para mejorar las defensas habían terminado y ahora se sentían  deprimidos y hastiados, sin ganas de levantarse un día más para hacer lo  mismo que todas las malditas semanas. Bueno, no todos.

Justo.

Justo  había una persona que era la excepción; la precursora de la expedición.  La chica rizosa de ojos esmeralda. Ella hubiese preferido estar en el  pueblo. Pasaba los días y parte de las noches en su taller, era una  manitas y además de poner en funcionamiento toda clase de artilugios era  la encargada del mantenimiento de todas las cosas eléctricas. Pero  ahora estaba preocupada; necesitaba información. Su gran temor era que  el aerogenerador y la red a la que se habían conectado dejarán de  funcionar, la electricidad era fundamental para la subsistencia de la  comunidad y el mantenimiento del parque eólico era el mayor quebradero  de cabeza para “la loca de los chismes”. Ya se habían estropeado un par  de molinos, uno no giraba sobre su eje vertical y lo habían reservado  por si dejaba de funcionar el activo, el otro un buen día dejó de  generar electricidad por mucho que sus enormes álabes diesen vueltas y  más vueltas. El resto del parque eólico no funcionaba y no tenía ni idea  de cómo arreglarlos pues sus conocimientos sobre la materia eran  escasos, ella estuvo toda su vida montando y desmontando aparatos  eléctricos de pequeño tamaño y esos equipos enormes le daban un poco de  miedo, no podía jugar con ellos. De lo que estaba segura era que esos  mastodónticos molinos se irían estropeando poco a poco y no iban a ser  fácilmente sustituibles. Dejando de lado los múltiples proyectos y  reparaciones que tenía en proceso, decidió ir en busca de conocimiento.  Fue fácil convencer a la jefa para que formase la expedición. Además  estos cuatro elementos que la acompañaban no paraban de dar problemas y  fue la oportunidad perfecta para poder alejarlos de la tranquilidad  rural que todos deseaban. Todos menos ellos claro…

Justo

Justo  castigo para estos alocados e intrépidos que no sabían más que pasar el  rato libre emborrachándose y armando jaleo siempre que estaban ociosos.  La gente estaba muy ocupada haciendo sus cosas y hacía tiempo que nadie  quería su compañía en los quehaceres diarios. Eran unos ineptos para la  gran mayoría de labores y unos toca-pelotas sin igual. Eran los  exploradores de la comunidad, los hombres de acción que iban en busca de  alguna cosa que se necesitase y que pudiera encontrarse en alguna  ciudad o pueblo abandonado de los que ahora tanto abundan. En realidad  eran unos parias, pues pocas cosas eran las que necesitaba la comunidad  de los antiguos tiempos, con lo que salvando una expedición al mes, el  resto del tiempo lo pasaban intentando ayudar molestando.
 

Esta  vez no sólo iban en busca de libros y discos duros de donde poder sacar  información técnica y conocimiento. Los cultivos no se cuidaban solos y  requerían mucho tiempo y nutrientes. Había un producto que sabían que  podía salvaguardar sus cosechas, un fertilizante y fungicida concentrado  que les iba a venir muy bien. El estiércol de los animales y ceniza del  horno de leña hacía bien su trabajo pero cualquier ayuda era buena y  encontrar una sola botella de este producto ya iba a ser todo un  hallazgo. A parte, había muchos proyectos pendientes a desarrollar pero  siempre había limitaciones en cuanto a materias primas o elementos  decisivos para su funcionamiento y ,aunque la supervivencia de la  comunidad ahora ya estaba asegurada pues era autosuficiente, siempre se  echaban de menos las antiguas comodidades. Todo esto y como no, la  búsqueda de medicamentos, era el acicate para librarse de estos  personajes.
 

Justo

Justo en estos momentos se hayaban en una de esas pequeñas aventuras. Nuestros chicos podían protestar y maldecir con voz ronca a causa de la sequedad del ambiente,  pero pedalear bajo un sol de justicia les daba la sensación de libertad  que tanto necesitaban. Y aunque ellos no lo supiesen, pronto iban a  disfrutar de un poco de acción.