Comienzo de la saga SERES MALDITOS
Pensaba que sobreviviría. Que, tras una infancia y adolescencia dolorosamente traumáticas, ya había pagado mi peaje para la felicidad, para lograr un poco de paz. Creía que había sobrevivido y que por fin empezaría a vivir.

No sabía que sería lo contrario, que estaba empezando a morir y el verdadero dolor comenzaba ahora. Ignoraba que jamás sería feliz. Que mis compañeros eternos serían el pesar, la soledad y la incomprensión.

Huelo, siento el dolor y las sensaciones de los demás, como un cáncer que me va devorando poco a poco. Pero ellos, vosotros, no podéis oler el mío. Quizá no sepa cómo hacerlo. Quizá no lo merezca. Por algo soy un ser maldito, un no muerto entre vivos, invisible, siempre alojado entre tinieblas.

Cuando me convirtieron, pensaba que podría volar, dominar mentalmente a los vivos, que me haría poderoso, despiadado y sin conciencia. Qué timo. El cine y la literatura han influido tanto en nuestra imagen que hasta nosotros mismos, los no muertos, hemos caído en la trampa.

Cuando te transformas, no sólo no pierdes tu esencia, sino que la multiplicas por mil. Tus rasgos más característicos se potencian al máximo, del mismo modo que le ocurre al avaricioso o al ladrón que se mete en política, al violento que se enrola en el ejército, en la policía o en grupos terroristas. Si al violento se le otorga la posibilidad (o la excusa) de hacer el mal, lo aprovechará para hacer realidad sus deseos más psicópatas. Dale al sediento de poder y de dinero oportunidades de conseguirlo y verás. Eso es lo que somos: una hipérbole de nuestro ser mortal, de nuestros vicios y defectos. La humanidad en su versión más podrida.

Otro mito es el de la pérdida del alma. No sé quién fue el primer lumbreras que se lo inventó, pero ni de coña. Qué fácil sería entonces…

Simplemente se queda encerrada dentro de nosotros, pataleando, chillando, durante toda nuestra existencia inmortal. En mi caso, la noto alojada en la boca del estómago y, cuando trata de expandirse o luchar contra mi imparable proceso de degradación, la sensación es similar a un ardor de estómago bestial. Pero no hay Almax (¡qué irónico!) ni Omeprazol que lo alivie.

Ojalá nos dieran un manual titulado Mitos falsos y realidades del vampiro tras nuestra conversión. Ojalá. Cuánto dolor y decepción nos ahorraríamos. Sentirse estafado durante toda una eternidad es una putada. La decepción conduce a la amargura, y esta última es la hija despiadada que destroza tu hogar. En este caso, te destroza a ti, todo lo que fuiste, creías que eras o aspirabas a ser. Prueba a cargar con ella durante siglos, alimentándose de ti, devorando tu esperanza, bebiéndose tus lágrimas.

Pero basta de divagar. A estas alturas ya habrás empezado a comprender qué soy. Jamás sabrás mi nombre, a no ser que vaya a alimentarme de ti. Es posible, incluso, que hayamos interactuado en algún momento. Se me da bastante bien mezclarme entre vosotros, parecer uno más. Por eso soy tan invisible…

Quizá incluso te haya acechado en la distancia, odiado o deseado arrancarte las entrañas al verte feliz, cenando con tu familia, paseando al perro o jugando con tus hijos. Quizá hasta seas tú una de esas mujeres rotas cuyo marido me ocasionó un placer fugaz y cuya sangre aún recuerdan mis colmillos. Quizá ya te he probado.

Ahora mismo me estoy imaginando tu sabor…

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