Con el paso del tiempo...
Con el paso del tiempo te das cuenta de que hay cosas en tu pasado que te han marcado. Os voy a explicar un poco porqué creo que me apasionan los mundos postapocalipticos de supervivientes. Los analisis de uno mismo pueden ser muy equivocados pero los hechos son más fáciles de analizar.

Crecí en un barrio obrero, rodeado de industrias, talleres, tallerines y tallerones. La modesta casa donde pasé toda mi infancia y adolescencia era un adosado de planta única con un pequeño jardín. Entre sonidos industriales y trinos de pajaros jugaba en el jardín y desde la ventana de mi habitación podía pasarme largos ratos mirando como se movian parsimoniosamente las gruas de los astilleros. Es más, es sabido en mi familia, que una de mis primeras palabras (sino la primera), fué "ABUA", la cual tardó tiempo en darse cuenta mi madre que era "la grua", pues desde mi cuna las veía trabajar y al parecer era algo que me apasionaba. Y es que no se puede negar, esas figuras enormes, todavía hoy son para mí algo totémico.

Según me iba haciendo mayor, las industrias iban desapareciendo y el boom inmobiliario hizo acto de presencia. Las calles se fueron iluminando y asfaltando mientras las fábricas se fueron abandonando como cascarones vacios sin vida.  Bajo un plan urbanístico, mi casa fue derruida, al igual que la finca indiana de enfrente y la huerta de "alao", también los talleres Guerra, con aquella lechuza en su cornisa, desaparecieron. Todos esos edificios de mi entorno corrieron destinos dispares, la manzana entera donde vivía cambio a ser la urbanización donde ahora viven mis padres, la finca de "enfrente" paso a ser un solar con cascotes y una frondosa vegetación, el astillero que había cerca se convirtio en una playa artificial con sus edificios residenciales aledaños, pero cuando irrumpió la crisis todo el barrio apretó el stop.

Todavía quedan talleres funcionando o abandonados, todavía hay talleres y astilleros, pero vete a saber cuando volverán las sombras de las especulación a trazar planes precisos para un supuesto embellecimiento del barrio.

Cuando ya no haya gruas dejará de ser mi barrio, perderá el último bastión de su encanto industrial. La última torre caerá y entonces el apocalipsis llegará para mi identidad.

Este cambio en mi barrio me marcó; ese contraste entre la industria que se fué abandonando y esa naturaleza mía y cercana arrasada, resurgiendo entre los cascotes, todo ello tiene tintes tan postapocalipticos, que pertenecen tanto a mi arraigo, que no dudo en que sean los fundamentos de mis gustos por este género de ciencia ficción llamado post-apocalíptico.

Al fin y al cabo, el enfrentarse a la vida tiene muchas similitudes con los problemas de los supervivientes: Siempre hay que estar atento a los cambios de tu alrededor, para encontrar tu sitio, en este mundo tan complicado y convulso.

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