Aunque el calor era sofocante, se puso una sudadera, y otra encima, y una tercera con capucha. Seguidamente cogió unos trapos, las gafas de nadar y el casco de ciclista y lo metió todo en una bolsa. Luego guardó un teléfono móvil en el bolsillo delantero del pantalón y otro teléfono móvil en el bolsillo trasero.

El otro iba detrás de él, gritándole -¡Estás loco!.. ¡Estáis todos locos!.. ¡Os van a machacar!.. ¡Es una guerra perdida!.. ¡No podéis ganar!-

-La única guerra que existe es la que libra cada cual consigo mismo- Le respondió, con serenidad, mientras salía por la puerta. –Y la gana cuando supera el miedo-.

-¡Ah, sí!.. ¿Y qué gana uno con arriesgarse a que le rompan la cabeza?-

-¿Dignidad?-