El pr´íncipe de Gran Britancia | Microrrelato septiembre 2017
¡Hoy vengo con una de las recompensas! Un microrrelato a la carta, escrito para Laura López, que me pedía lo siguiente:

"Príncipe encerrado en una torre, esperando a su charming prince/princess para que le rescate".

¡Esto es lo que se me ha ocurrido! Tanto mecenas como no mecenas podréis disfrutar de estos microrrelatos a la carta, pero si queréis pedir vuestros propios relatos podéis conseguirlos con la recompensa de 3$. ¡Un microrrelato a la carta al mes!

  

—Esto es muy aburrido —murmuró Charles entre dientes, con el mentón apoyado en una mano mientras que la otra jugueteaba con un peón de metal. 

—Ya le he dicho, príncipe, que el ajedrez tradicional era aburrido. Debíamos haber escogido ajedrez holográfico, donde al menos los peones echan fuego… —la voz metalizada de su sirviente, ProBot 5000, sonaba cargada de retintín.

«¿Quién fue el genio que creyó que un robot resabido era una buena idea?» pensó Charles.

—Me refiero a estar aquí, encerrado, en esta torre de las narices.

Hizo un movimiento amplio con el brazo y tiró sin querer varias piezas del tablero. ProBot se agachó a recogerlas y sus articulaciones chirriaron.

—Otro motivo por el cual el ajedrez tradicional es tan poco útil… —se quejó mientras las recogía.

—¡Olvida el ajedrez! ¿Por qué tengo que estar encerrado aquí?

—¿Otra vez vamos a tener esta charla?

ProBot lo miró sin expresión alguna, pero Charles veía su descontento en la luz azul que le recorría el fino visor de la vista. ProBot 5000 era uno de los robots más avanzados del mercado: completamente móvil, con cuatro ruedas para mayor movilidad y un cuerpo triangular invertido. Los brazos eran largos y flexibles, y acababan en manos de tres dedos que le permitían realizar todas las tareas de la casa.

Cuando sus padres, los reyes de Gran Britancia, le encerraron en la torre sobre las nubes, habían considerado que ProBot 5000 sería el mejor guardián y mayordomo. Y como servicio era magnífico, pero dejaba mucho que desear como compañero: era un gruñón de cuidado.

—Pues sí, de nuevo. Las veces que me apetezca a mí.

«Total, es la única historia que sabe contar.»

—Porque es tradición, alteza. Porque debemos esperar a que le rescate la princesa adecuada. Solo aquella que sea capaz de llegar hasta aquí es digna de su mano, como bien sabe usted. Y, cuando llegue, podrá volver a casa y casarse con ella. 

—¿Pero por qué? ¿Y si no me gusta? ¿Y si no quiero casarme con ella, o no quiero casarme con nadie? ¿Y si nadie viene nunca?

Aquellas preguntas le atormentaban, y se revolvió el flequillo rubio con desesperación.

—Porque es tradición. Siempre se ha hecho así. Su madre rescató a su padre; y su abuela a su abuelo antes que él. Cuando un príncipe llega a la edad de merecer, ha de esperar a que le rescate una buena princesa. Y entonces querrá casarse con ella, porque le habrá rescatado. Y así podrá reinar —contestó ProBot como una letanía. Pero la última pregunta la ignoró por completo.

—Pues qué bien, el año 3.458 y los príncipes aún no podemos elegir nuestra pareja —Charles se dejó caer sobre la cama y suspiró.

En el silencio de la torre, solo se oía de vez en cuando el sonido de ProBot, moviéndose por la sala mientras recogía. Charles miró al techo, imaginando cómo sería la princesa que le rescataría… si lo hacía alguna.

Entonces, comenzó a escuchar un extraño sonido… como de un aerodeslizador. Se hacía cada vez más potente, y de un salto bajó de la cama y corrió hacia la ventana. 

«¿Será posible…?»

ProBot se asomó junto a él.

—Mire, príncipe, su princesa. Y esta es lista: a pocas se le ocurre subir aquí volando. Ale, haga la maleta, que se vuelve a casa.

Charles se quedó congelado en el sitio. ¿Quién sería? ¿Y si no conseguía amarla? ¿Y si ni siquiera le caía bien?

El aerodeslizador se puso a la altura de la ventana. Era una nave circular, y la cabina de mandos estaba cubierta por cristales tintados. Una pasarela salió de la nave y se ancló a su ventana; Charles dio un paso atrás, pero se quedó clavado en el suelo cuando la cabina se abrió.

A ProBot se le cayeron los platos al suelo, pero a él le dio un vuelco al corazón.

Por la pasarela caminaba un chico joven, más o menos de su edad. Tenía el pelo negro corto y revuelto, y vestía una ropa ajustada de cuero. Sus ojos, azules, chispeaban con diversión.

—Príncipe Charles, mi nombre es Eugène. Encantado de rescatarle —dijo, antes de arrodillarse a los pies de Charles.

—¡Esto es un escándalo! —gritó ProBot, activando su alarma. Pronto, sus padres sabrían que algo iba mal y mandarían a la guardia a buscarle… pero no le encontrarían allí.

—¡Ya era hora! —gritó Charles.

—¿Tiene listo su equipaje? —Eugène sonrió con picardía y le tendió la mano.

—No, ni falta que me hace. Ya compraré ropa nueva, ¡vámonos!

Y, corriendo por la pasarela, se perdieron entre las nubes. A ProBot 5000 le dio un buen disgusto y tuvieron que cambiarle varios circuitos chamuscados; pero, para cuando Charles y Eugène regresaron a palacio en Gran Britancia, ya habían conseguido reprogramarle para que se hiciera a la idea. 

A los padres de Charles, no obstante, les costó un poco más.

¿Fin?

¡Espero que os haya gustado! ¡Dejadme un comentario con vuestras impresiones!

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