El Revés del Viento 2 / The Reverse of the Wind 2
 
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Segundo capítulo, espero sea de su agrado. Recuerden que todo comentario y crítica (constructiva) son bienvenidos.

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Había caminado todo el día y nada había alegrado su visita a la ciudad aún. Esperaba que una presencia como la suya llamara la atención aunque él no hiciera alarde, ya que era bien conocido por su inteligencia y genialidad innatas. Los asesinos, tal vez, necesitaban un poco de ayuda. Crown se acercó a varias personas para preguntar dónde se escondían aquellas huidizas criaturas que se suponía que resaltarían contra la piedra blanca por sus uniformes negros, pero rápidamente se dio cuenta que el problema no era que nadie hablara su idioma, sino que a nadie le importaba comunicarse con él. Allí, tan al norte del reino, un humano qiitz como él, era más rápido de ignorar que de ayudar.

Para cuando caía el sol, apenas un puñado de norteños se habían volteado a oírlo, entendiendo sus palabras, pero rápidamente le habían dado la espalda y se habían alejado ni bien mencionó a quiénes buscaba. Al menos eso confirmaba dos cosas muy necesarias: estaban ahí y la gente les temía. Su ausencia no debía ser más que el resultado de sus habilidades; debían estar por doquier si hacían que la gente reaccionase así con la mera mención de sus existencias. La emoción embargó a Crown, pero no la dejó tomar control sobre él. Se conocía y sabía lo peligroso que era dejarse llevar por esa alegría.

Se acercó a una carreta que estaba siendo descargada por un viejo con el rostro de alguien que ha viajado mucho. Un mercante viajero debía hablar al menos dos idiomas y, luego de ayudarlo un poco, no se podría negar a soltar una palabra o dos. Sin preguntar ni saludar, Crown se puso a descargar las cajas y el hombre se vio aliviado de tener un par de brazos jóvenes permitiéndole descansar un momento. Al terminar, el viejo le ofreció algunas monedas mientras balbuceaba algo en Magno Romance, pero Crown no acercó la mano.

-Preferiría unas palabras en vez de conquistas.

-¡Eh! –celebró alzando los brazos-. Gäélico, eres de los míos.

-¿Cómo sabe que soy de Gäel?

-Por el acento, muchacho, es muy fuerte. Yo me mudé a Fezh Roh de niño, así que no se me pegó. ¿Tú cuántos tienes ya? ¿Quince, dieciséis?

-Diecisiete.

-Te va a costar sacártelo, pero deberías intentarlo si planeas viajar. En Hazzor se ríen mucho de esa forma de hablar.

-Planeo quedarme aquí.

-¿Y hablas Magno Romance?

-Unas pocas palabras.

-Intenta aprender rápido; a los norteños no les gusta no hablar su lengua.

-Lo he notado. Cuando les hablo en Daggard reaccionan como si los hubiese insultado.

-Ars Signum no es la ciudad más amable para los forasteros. Si estás dispuesto a cambiar de lugar, Rara Avis está muy cerca y te van a recibir con los brazos abiertos.

-No quiero irme de aquí, vine a unirme a la orden de los asesinos.

-Oh… -sopesó lo que acababa de oír con cuidado y miró alrededor con un ligero temor-. Eso es algo peligroso de decir en cualquier idioma.

-Está bien, no me intimidan. ¿Sabe cómo puedo hacer para encontrar a uno?

-¿A cuántos les has dicho que los buscas?

-Seis, creo.

-Entonces ellos te encontrarán a ti. Dales tres días y renuncia si no te han buscado un ese tiempo. Gracias por prestarme tu juventud con esas cajas. Espero tengas una linda estadía en Ars Signum. –Se subió a la parte frontal de la carreta y animó a su montura a avanzar.

Los días siguientes, Crown no hizo más que recorrer la ciudad con gran parsimonia. No había querido parecer desesperado, por lo que no había insistido con el viejo, pero no le había quedado ninguna duda de que era un asesino. Ya no estaba preocupado: había sido notado y pronto lo contactarían. Se había asegurado de elegir una taberna que se mantenía lejos de las calles más concurridas; suerte había tenido de que, además, fuese una de las más lujosas que había. Lo atendían allí como si fuese pariente del rey y ni siquiera preguntaron cuando anunció su conocido nombre en su marcado acento gäélico.

Ars Signum estaba ubicada en una gruta entre dos montañas, bifurcándose hacia el norte, donde hacia el lado derecho se abría la parte noble de la ciudad, con los dorados aposentos del duque y las casas de quienes le seguían en rango; mientras que hacia el lado izquierdo, y adentrándose mucho más entre las montañas, estaban los más pobres.

Crown ni siquiera consideró ir allí, no quería arriesgarse a que le robaran. Además, los edificios no eran tan altos y no estaban tan juntos, lo que aumentaba la presencia del viento, que se negaba a quitarse su máscara de invierno.

En un principio sorprendió a Crown el ver a tan pocos pobres, pero no era difícil imaginar que tal vez acabaran pidiendo ayuda económica a los asesinos para poder sobrevivir, pagando los intereses con sus vidas. Con eso en mente, era fácil entender por qué el duque no ponía demasiados esfuerzos en echarlos: los pequeños criminales seguramente tuviesen un destino similar, incapaz de competir con un depredador tan gigante y bien organizado.

Llegó el tercer día y se fue con el mismo ahínco, sin que los asesinos se mostraran. Pero, bueno, Crown entendía. Contactar a un noble sureño debía requerir un poco más de planificación que la habitual, ya que las posibilidades de que alguien lo descubriera eran mucho más altas.

No importaba, podía esperar. Su vida de todos modos lo había expulsado, como si una madre escupiera a un hijo en vez de parirlo, dejándolo sin nada más que hacer ni otro lugar al cual ir. Ser un asesino era el primer paso para todo en su nueva vida, por lo que su única opción era esperar el tiempo que les tomara.

Al final, valdría la pena. Ver a los hombres de su lista morir y saberse el responsable de tan personalizada justicia, valdría cualquier tiempo que tuviera que esperar.

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Second chapter! I hope you like it. Remember that any comment and critique (constructive) is welcome.

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He had walked all day and nothing had cheered his visit to the city yet. He had waited that a presence like his would attract attention even if he didn’t flaunted, as he was well known for his intelligence and innate genius. The assassins, maybe, needed a little help.

Crown approached a few persons to ask where were hiding those sneaky creatures that were supposed to contrast with the white stone because of their black uniforms, but quickly he realized that the problem wasn’t about no one speaking his language, but that nobody cared communicating with him. There, so north of the kingdom, a human qiitz like him was faster to ignore than help.

When the sun went down, just a few northerners had turned around to hear him, understanding his words, but quickly they had turned their backs again and walked away as soon as he mentioned who he were looking for.

At least that confirmed two very necessary things: they were there and the people feared them. Their absence must have been the result of their abilities; they surely were everywhere if the people reacted that way hearing about their existences. The emotion seized Crown, but he didn’t let it take control over him. He knew himself and knew how dangerous it was to be carried away by that joy.

He approached a wagon that was being discharged by an old man with the face of someone that had traveled a lot. A traveler merchant must have spoken two languages at least and, after helping him a little, he couldn’t deny to drop a word or two.

Without asking nor greeting, Crown started to discharge the boxes and the man seemed relieved of having a pair of young arms allowing him to rest for a moment. When he finished, the old man offered him a few coins, mumbling something in Magno Romance, but Crown didn’t put his hand.

“I would prefer a few words instead of conquests.”

“Eh!” celebrated the man rising his arms. “Gäelic, you are one of mine.”

“How do you know I’m from Gäel?”

“The accent, boy, it’s really strong. I moved to Fezh Roh when I was a child, so I never got it. You have now... fifteen, sixteen?”

“Seventeen.”

“It will be hard to get it off, but you should try to if you are planning to travel. In Hazzor they laugh if you speak like that.”

“I’m planning on staying here.”

“And do you speak Magno Romance?”

“A few words.”

“Try to learn it fast; northerners don’t like not speaking their tongue.”

“I noticed it. When I speak Daggard, they react as if I had insulted them.”

“Ars Signum isn’t the kindest city for strangers. If you are willing to move around, Rara Avis is really close and they will receive you with open arms.”

“I don’t want to leave, I came here to join the assassins’ order.”

“Oh…” he weighted what he had heard and looked around with a slight fear. “That’s something dangerous to say in any language.”

“It’s fine, they don’t intimidate me. Do you know how can I find one?”

“How many people have you told that you were looking for them?”

“Six, I believe.”

“Then they will find you. Give them three days and quit if they haven’t looked for you in that time. Thank you for lending me your youth with those boxes. I hope you have a nice stay in Ars Signum.” He climbed to the frontal part of the wagon and encouraged his mount to move.

The next days, Crown did nothing else than walk around the city with great calm. He had not wanted to look desperate, so he had not insisted with the old man, but he was sure that he was an assassin. He wasn’t worried anymore: he had been noticed and soon they would contact him. He made sure to choose a tavern far from the most busy streets; lucky he was because it also was the most luxurious one in the city. There, they attended him like he was related to the king, and they didn’t even asked when he announced his known name in his strong gäelic accent.

Ars Signum was located in a grotto between two mountains, branching northward, where the right side opened to the noble part of the city, with the golden quarters of the duke and the houses of those who followed him on rank; while on the left side, and going deeper into the mountains, were the poor. Crown didn’t even considered going there, he didn’t want to risk being robbed. Besides, the buildings weren’t tall nor were close, so it was stronger the presence of the wind, whom refused to quit its winter mask.

At the beginning, it surprised Crown to see so few poor people, but it wasn’t difficult to imagine that maybe they might end up asking for economic help to the assassins in order to survive, paying interest with their lives. With that in mind, it was easy to understand why the duke didn’t try hard in cast them out: the small criminals would certainly had a similar destiny, unable to compete with such a big and organized predator.

The third day came and left with the same effort, without assassins showing up. But, well, Crown understood. Contacting a southerner noble must have required a little more planning than usual, as the possibilities of being discovered were higher.

It didn’t matter, he could wait. His life had cast him away anyways, like a mother spitting out his child instead of giving birth, leaving him with nothing else to do nor other place to go. Being an assassin was the first step for everything in his new life, so his only option was to wait any time it takes.

At the end, it would be worth it. Getting to see the men on his list die and knowing that he was responsible of such personalized justice, would be worth it, no matter how long he’d have to wait.