Habitantes del cosmos
 

¿Qué ves, cuando te atreves a elevar la mirada por las noches? ¿Hacia dónde escapan tus ojos cuando tu mente relaja el yugo constante que los dirige? ¿Te concentras en un punto brillante específico o saltas entre todos los visibles? ¿O acaso eres de los que se pierden involuntariamente en la oscuridad absoluta que lo envuelve todo? La oscuridad perfecta de los espacios intermedios, interrumpidos aquí y allá por estrellas inmensas e insignificantes, dadoras de vida y garantes de la muerte, dualistas y contradictorias en su esplendor. Cada una un lugar y un momento separados irremediablemente, como pequeños portales que buscan transportarte a una realidad que nunca existió. La oscuridad perfecta, que es, de todas las impresiones visuales, la más cercana a un sentimiento.

Qué especial luce La Tierra, también dual y contradictoria, al ser contrastada con ese vacío infinito, al igual que todos los otros mundos que puedan girar rebeldemente en sus rincones. Es quizá ese el pensamiento que más se niega a relajarse durante estas exploraciones visuales. ¿Cuántos mundos como el nuestro esconden miradas como la tuya, elevándose hacia el cielo? ¿Cuál de todos esos puntos brillantes alberga vidas y conciencias, si es que alguno lo hace?

Eventualmente, la mirada desciende, y el pensamiento hiberna en silencio hasta una noche futura, pero no en todos los casos. Para algunos, la duda es persistente, y son ellos los que pasan sus vidas explorando el abismo para responderlas. Aunque no todos comparten esta pasión, debemos admitir que, a veces, la mirada se eleva por un momento.

En ese instante, todos somos habitantes del cosmos.

ApolloXI