One World
 
  

Ayer viajamos desde Santiago hasta Madrid, con una pequeña escala en Valladolid para dar un paseo por sus calles antes de continuar. Este otoño tenemos planeado un corto viaje por Europa para visitar algunas ecoaldeas que aún nos quedan pendientes conocer y habíamos para ello comprado un colchón barato para dormir en el coche. Ya anochecido, encontramos al borde de la carretera un lugar tranquilo donde pernoctar. El lugar estaba lleno de conejos que habían hecho de ese lugar su mundo, su patria, su hogar. El borde de cualquier carretera puede ser un buen lugar donde dormir. Extendimos el colchón, abrimos el saco y con el ahorro en hoteles de esa noche, amortizamos la compra de ambos. 

La verdad es que dormimos muy bien. Nada que ver con mis viejas aventuras en cualquier parte del mundo donde dormir en el coche siempre había sido un suplicio. El colchón barato cumplió con sus funciones y el coche se adaptó a nuestros cuerpos de forma fácil. El famoso hotel Prius se había convertido ahora en el hotel Auris. Por la mañana cogimos la pequeña mochila y nos encaminamos hasta el aeropuerto, desde donde escribo ahora. En un momento tan convulso, me gustó mucho ver en los escaparates de muchas líneas aéreas eso de “One World”. Las compañías, con un interés marcadamente comercial, habían entendido algo de lo que el mundo será en el futuro: un mundo, una humanidad. 

Esa idea, paradojas de la vida, que ahora comparto choca con un grupo de jaredíes, israelíes ultraortodoxos, todos muy jóvenes, acompañados de familias, ataviados con la indumentaria oficial, que se han sentado a mi lado. Es como si el universo dijera eso de “el mundo es así”, no como algunos idealistas entusiastas dibujan en su cabeza. Mientras veo sus movimientos nerviosos y desordenados en torno a la Torá que tienen todos entre sus manos, que leen y releen mientras cantan para asombro de todos los pasajeros. Verlos es como trasladar la mente a siglos pasados. Es impresionante el mundo.

Ahora cogemos un vuelo con unos días de retrasos por los huracanes destino New York y luego Sao Paolo, en Brasil. Visita familiar. Unos días si los huracanes María y José nos dejan atravesar el Atlántico. Esperamos volver y que todo vaya bien. Sé que el mundo es así y que no es mucho lo que se puede hacer para cambiarlo, excepto respetar la diferencia y lo diferente de forma lo más silenciosa que se pueda. Haremos lo que podamos, pero en silencio. Ahí fuera hay mucho ruido.