Una taza de café
          Un café es una bebida que guarda secretos y donde se pueden encontrar mundos enteros en cada sorbo que damos a la taza, sin importar la hora del día.

          Un café puede ser una dulce reunión con viejos amigos a quienes no veíamos en mucho tiempo, y se transforma entonces en anécdotas y recuerdos, o se puede convertir en el amargo preludio a la separación de una pareja que por meses o años disfrutó del amor.

          Un café se puede convertir en la inspiración que hacía falta al artista, la mezcla de olores y sabores que guiarán su pincel, su lápiz, su guitarra, para continuar haciendo lo que tanto disfruta.

          Un café se puede convertir en la ayuda para estudiantes y trabajadores durante las madrugadas, cuando deben prepararse para un examen o terminar un proyecto antes de los primeros rayos del sol. Y después de haber terminado, el mismo café se puede convertir en el merecido descanso tras el arduo trabajo hecho.

          Un café ha acompañado a muchas personas a cuidar una nueva vida durante interminables madrugadas, pero también ha sido compañía para reflexionar el misterio de la muerte.

          Un café puede ser un consejo de nuestros padres, de nuestros amigos, o el consuelo que ocupamos durante nuestros momentos más difíciles.

          Con un café podemos disfrutar la compañía de otros, conocer nuevas personas y formas de pensar, incluso encontrar nuestra otra mitad, y al mismo tiempo con una taza de café podemos tomarnos un momento para disfrutar la calma de la soledad y conocernos más a nosotros mismos.

          Un café no necesariamente es un café. Puede ser té, chocolate, un dulce, una galleta, o lo que cada quien decida, e incluso también puede ser una sonrisa, un abrazo, un beso, una caricia.

          Y es que en cada momento que pasamos, podemos dar sorbos a distintas tazas de café.